Siempre

Las flores se marchitan con el paso del tiempo, no por ello dejan de ser bellas, ni pierden su esencia al igual que las personas.

“Siempre” nace de mi afán de investigar, de crear, de ilusionarme cada día con mi trabajo. En esta obra mis pasos se dirigen al descubrimiento del paso del tiempo. En la observación y retrato de unos bellos tulipanes que recibo como regalo por San Valentín descubro ¡como por casualidad! su proceso de maduración.

Ellos se lucían justo frente a mi mesa de trabajo y yo les retrataba con la bella luz del atardecer. Mi cámara recogía su paso en el tiempo, su maduración, el color, la textura de sus pétalos, sus corolas, sus tallos… ¡era algo mágico!

Tras acompañarlos en su proceso evolutivo me dediqué a observar el trabajo que había realizado y comprendí que me estaban recordando el proceso evolutivo del ser humano. Descubro que, con el paso del tiempo, en su marchitación, mis tulipanes cada vez se hacían más bellos, que crecían en esencia, en sabiduría, en ricas texturas…

Fascinada por la revelación llego a la conclusión que mis tulipanes viven por “siempre”, como las personas que retrato, a través de mi retrato fotográfico.

En la madurez, en la vejez, no se acaba todo, sino que transitamos un camino al “siempre”. Este proceso temporal nos permite ver la vida como un tulipán que nace totalmente cerrado y no deja ni entrar el aire, ni la luz, ni tan siquiera la mirada hacia su interior. Al abrirse, cuando va madurando, se abre como si saliera volando hacia la transcendencia, como aves volando.

Si maduramos bien, podemos abrirnos a todo, aunque vengan cosas que no son tan buenas, las transciendes rápidamente a lo eterno, las haces “Siempre”.

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